jueves, 10 de diciembre de 2009

Esas pequeñas cosas.





A menudo solía preguntarme que hubiera ocurrido sí...
Tal vez haya perdido esa cualidad de reflexión sobre casos hipotéticos, o puede que solo haya aprendido a resignarme (pero eso sí, siempre con una sonrisa) a aceptar cada decisión tomada ya sea premeditadamente o totalmente espontánea, sin dejar que mi mente rebuscada plantee todo tipo de enigmas sobre todas esas otras decisiones que no tomé.

Pero eso ya no importa porque hoy hace un día precioso. No es uno de esos días que aparecen retratados en una foto de catálogo en las que el sol brilla “reluciente” y el paisaje parece artificial de lo bello que resulta a los ojos del espectador. No, tampoco es uno de esos días en que el suave viento acaricia tu rostro mientras las hojas de los árboles danzan a tu alrededor cuando recorres aquel largo paseo. Hoy es un día gris, un día mediocre me atrevería a decir, mediocre en cuanto a la belleza de las calles que precisamente hoy no lucen tan bellas como tú y yo sabemos que lucían los días en los que aún nos queríamos. Tampoco el tiempo acompaña con su lluvia débil pero persistente que me cala casi sin quererlo hasta los huesos, y es que ésta lluvia se ha colado hasta mi corazón donde últimamente no llega ni el flujo sanguíneo, pero precisamente es esta lluvia la que me permite un pequeño respiro.

El motivo por el cual este día se me antoja hermoso no es ya una razón de paisaje ni de meteorología. Y es que hoy, camino de mi casa he alzado la vista hacia una ventana y me he encontrado con la visión de un bebé de unos 8 meses asomado en ella sosteniéndose sobre sus dos manitas de tamaño minúsculo y con una sonrisa traviesa pintada en la cara. Ese bebé me estaba mirando, y también me sonreía.
Hoy también, esperando al metro se ha sentado a mi vera una venerable ancianita con más de 85 años a sus espaldas. Ésta se ha girado para mirarme y me ha dedicado una sonrisa. En sus ojos he visto la sinceridad de su sonrisa, no era una sonrisa de cortesía de quien educadamente muestra su respeto a la persona que se sienta a su lado, era una sonrisa bondadosa, llena de vitalidad pero al mismo tiempo una sonrisa serena.

Hoy es un día precioso y esta sonrisa que llevo pintada no se borra de mi rostro a pesar del frío y de la lluvia. Todas las personas que recorren hoy el mismo camino de siempre, personas con las que me cruzo cada día son personas tristes y apagadas, hoy especialmente más que ningún otro día, y yo no puedo evitar dedicarles una sonrisa mientras observo como su boca inexpresiva se torna amable y en sus ojos puedo observar pequeños atisbos de esperanza.

Como no puedes ver mi sonrisa te la envío por postal, tampoco la puedes ver pero en ella te cuento que soy feliz porque las pequeñas cosas con las siempre he disfrutado siguen presentes en mi vida. Hoy puede ser un día mediocre pero si al menos logro robarte una sonrisa será un día mejor para los dos.

1 comentario:

  1. Las sonrisas de mi niña Piaf son lo que alegran las grises y frias mañanas en la facultad, iluminan mis cigarros y endulzan mis cafés solos de maquina.
    Miau miau

    ResponderEliminar